identidad, imagen y comunicación

Muchos elementos que definen nuestra personalidad son intencionados y premeditados: la manera de hablar, la expresión corporal, la ropa que llevamos... Sin embargo, hay otros que no hemos podido elegir como son nuestra edad, estatura, color de ojos...
La suma de todos estos elementos, conscientes o inconscientes, forman nuestra identidad, aquello que realmente somos.

Nuestra identidad transmite información a los que tenemos a nuestro alrededor. Y la impresión que causamos es lo que llamamos imagen.

La identidad de una empresa es: su razón de ser, sus objetivos primordiales, sus raíces, su fuerza y su debilidad, así como, por supuesto, su logo, sus colores, tipografías, eslogan y hasta sus muebles de oficina. Abarca desde sus inicios, hasta el último contacto comunicacional que haya tenido con su público. Poseer una imagen positiva es uno de los intangibles más importantes de una empresa. Una compañía con una fuerte identidad tiene una base sólida sobre la que se podrá construir su comunicación publicitaria y comercial, multiplicando su poder y fortaleciendo la imagen de marca indispensable para asegurar su existencia. Todo lo relativo a la empresa ha de servir para reafirmar su identidad.

La comunicación corporativa constituye el proceso que convierte la identidad de una empresa en su imagen pública. Todos los mensajes que emite la empresa nos han de llevar coherentemente hacia el mismo objetivo estratégico.

Para ello, es imprescindible formular en primer lugar la identidad corporativa, definiendo no sólo lo que es la empresa, sino también lo que quiere ser y cómo quiere ser percibida.

A continuación se debe estudiar su sistema de identidad visual. El diseño de ésta ha de definir y materializar la identidad de la empresa.

En tercer lugar, todo ello debe sistematizarse en un manual de identidad corporativa, que permitirá a la empresa una acción sostenida a largo plazo, independientemente de las personas que gestionen el tema en cada momento.

Sólo entonces podrá tener su expresión en los medios, ya sea con una campaña concreta de publicidad corporativa o haciendo que cada campaña de producto colabore en la construcción de la imagen corporativa de la entidad. Para hacer las cosas bien, la identidad debe llegar primero a empleados y accionistas, y luego a clientes y futuros clientes de la compañía.